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El presidente analiza desde dónde hará política

Puertas hacia adentro de la agrupación oficialista Somos Canayas se dice que Norberto Speciale ocupará un lugar entre los vocales titulares en las próximas elecciones.

 

Puertas hacia adentro de la agrupación oficialista Somos Canayas se dice que Norberto Speciale ocupará un lugar entre los vocales titulares en las próximas elecciones. Pero hay un fuerte rumor que el actual presidente de Central podría desistir de integrar la lista debido que se dedicaría de lleno a sus negocios particulares y hacer mayor hincapié en la familia tras haberle dedicado cuatro años de lleno a la institución. Aunque una voz cercana al mandamás auriazul destacó que la idea del máximo dirigente es seguir ligado al club, pero específicamente desde la arena política. ¿Qué hará?

En un cafe

En un café

Víspera de la Navidad de 1889. En un café de la que dieciséis años depués pasaría a llamarse avenida Alberdi, y donde con el tiempo se instalaría el Colegio de los Talleres, un grupo de ingleses y criollos, funcionarios y empleados del Ferrocarril Buenos Aires-Rosario, se juntan para crear un club de fútbol.

La idea venía de lejos, pero había empezado a tomar forma en un encuentro realizado en el mismo café, en octubre, por once muchachos que pretendían armar un “team de football”. Los dos meses habían servido para hacer correr la noticia en los galpones del ferrocarril.

Finalmente, 70 personas fundaron el Central Argentine Railway Club el 24 de diciembre de 1889. El inglés Colin Bolder Calder logró que el ferrocarril les cediese el terreno para el “field” en el corazón del barrio Talleres.

Calder fue elegido presidente, y en su primer discurso fijó posición: habló a favor del fútbol y en contra del cricket, el otro deporte que desde mediados del siglo XIX los ingleses intentaban imponer en la Argentina. Lo acompañaban trabajadores del ferrocarril de origen británico: T. J. Hooper (vicepresidente), C. Chamberlain (secretario), así como Miguel Green, White y Lucas.

Este nacimiento no lúe imprevisto, estaba inserto en la realidad social de la época.

Es que la historia del fútbol y de Central está totalmente ligada a la historia de la Argentina y de Rosario.

El orden mundial de esos tiempos ya marcaba que el país debía afianzar su perfil agro-exportador. Como contrapartida debían importarse bienes, y hasta mano de obra calificada. Julio Argentino Roca y Domingo Faustino Sarmiento, como presidentes de la Nación, habían consolidado ese modelo.

En este contexto, el surgimiento de los puertos de Buenos Aires y de Rosario fue vital. Paralelamente, y más allá de las declamaciones y proclamaciones de país federal, el centralismo se acrecentaba con el diseño de los ferrocarriles: las vías férreas se distribuían para que -desde todas las provincias argentinas- los granos y las carnes confluyeran hacia Buenos Aires. El puerto era la salida hacia Europa y la punta final de un brillante negocio manejado por los ingleses.

A partir del control económico, los ingleses incidieron totalmente en lo cultural. Y transmitieron sus costumbres.

Rosario, por entonces, empezó a delinearse como una ciudad muy parecida -aunque más pequeña- a Buenos Aires.

El proceso inmigratorio hizo que unos 50.000 ingleses llegaran al país y muchos fueran absorbidos en tareas ferroviarias en distintas ciudades. Por supuesto, una de ellas fue Rosario: el 20 de abril de 1863 se inauguraron las obras para la construcción del ferrocarril, dirigidas por británicos. Algunos apellidos empezarían a echar raíces en estas tierras: Woods, Hooper, Green.

Y aquel juego que en 1845 comenzó a verse en Buenos Aires, cuando marineros

ingleses bajaban a tierra y corrían detrás de un objeto redondo al que le pegaban con los pies, desembarcó en Rosario.

Porque así fue: desembarcó. Cuando la única cuadra pavimentada de Rosario era Córdoba entre Maipú y Laprida. atracó en el puerto el buque “Englishman”: traía los rieles para construir la red ferroviaria. El acontecimiento fue celebrado entusiastamente, la fiesta se concentró en el puerto y se extendió a la Plaza de Mayo, hacia donde los “notables” de la ciudad trasladaron un simbólico primer riel sobre sus hombros. Y se pudo ver, también, a orillas del río Paraná, a unos “locos ingleses” -como empezaron a ser llamados- corriendo detrás de algo redondo que saltaba y que empujaban con sus pies. Esto sucedía en 1864.

Tres años después, varios ingleses que habían bajado del “Englishman” fundaron el Rosario Cricket Club, génesis del Rosario Atlético Club y actual Club Atlético del Rosario. Dividieron las prácticas deportivas entre el cricket y el fútbol. Y lúe en ese 1867 donde el fútbol se inició oficialmente en Buenos Aires (el 20 de junio se disputó el primer partido en el Buenos Aires Cricket Club) y en Rosario, que adoptó como cancha un terreno ubicado en Salta y Buen Orden (España). La ciudad tema 23.000 habitantes.

El fútbol era bastante rudimentario. Cada jugador hacía con la pelota lo que le venía en gana hasta que otro se la quitara. Apareció lo que luego se bautizaría como gambeta. En 1871 surgió un ordenamiento dentro de la cancha: la tradicional formación de un guardavalla (goalkeeper), dos defensas (backs), tres medios (medio backs) y cinco delanteros (forwards). En 1874 desde los barcos bajaron unos elementos extraños que los jugadores se colocaron en sus piernas para contrarrestar los golpes: las canilleras. En 1875 se dispuso cambiar de arco al finalizar un período. Y se incorporó el travesaño, ya que los arcos estaban armados por dos postes enterrados en la tierra y cruzados por una soga. En 1878 los árbitros que dirigían los partidos empezaron a utilizar silbatos. En 1882, el “throwin” que se hacía con una mano pasó a hacerse con las dos manos.

El fútbol fue evolucionando. A favor de las reglas que llegaban desde Inglaterra (donde en 1885 se iniciaba el profesionalismo) y de la mayor práctica. El Io de lebrero de 1886 se inauguró el Ferrocarril Buenos Aires-Rosario y comenzó el intercambio. En 1887 el Buenos Aires F.C. y el Rosario Cricket Club jugaron dos partidos, uno en cada ciudad: en ambos ganaron los rosadnos 2 a 0. Sorprendió el adiendo de los futbolistas: botines blancos al igual que las medias, y los pantalones ajustados a las piernas.

Mientras, los ingleses seguían arribando para trabajar en los talleres del ferrocarril. Entre 1888 y 1889 se instalarían en Rosario, entre otros, Mulhall, Mayne, Calder, Musket, Mutton, Mayne, Chamberlain, Wilkinson, Mac Leen, Barton, Camp. Mac Intyre, Lamb, Hooper y Holis.

Algunos eran de edad madura, pero otros eran jóvenes y se los veía muy seguido jugando con una pelota en el baldío que daba a la parada Castellanos. Se los conocía como “los muchachos de Thornas Hooper”, el ferroviario inglés que los motivaba y

aglutinaba.

El 24 de diciembre de 1889. entre estos ingleses, otros que estaban en la ciudad desde la época del “Englishman” y algunos criollos dieron vida a un nuevo club que buscaba diferenciarse del Rosario Cricket practicando fundamentalmente fútbol. Mutton propuso el nombre. Los socios lúeron, exclusivamente, empleados del ferrocarril.

La noticia se fue difundiendo entre los trabajadores ferroviarios boca a boca. No fue publicada por los diarios locales que por entonces centraban su atención en la renuncia del intendente Pedro de Larrechea el 21 de diciembre, quien -según se escribiría días después en “El Municipio”- se había ido a descansar y pescar ranas a su estancia. Mientras, los rosarinos protestaban ante los concejales, negándose a pagar el reemplazo de piedra por adoquines en las calles. Y los concejales estaban ocupados en resolver la construcción de un reloj que diera la hora de todas las provincias.

El club ya estaba en marcha. Al terreno ubicado entre los portones 3 y 4, casi pegado a las vías, cercano al Pasaje de las Cadenas -después Celedonio Escalada- y concedido por el permiso de las autoridades ferroviarias W. O. Lucas y T. G. Rusell que también se integraron a la institución, se le colocaron los arcos. Un vagón en desuso lúe utilizado de sede, y en los días de partidos como vestuario y hasta de tribuna por los no muchos espectadores. La primera casaca fue roja y blanca a cuadros grandes; al poco tiempo se la cambió por una azul y blanca.

Los muchachos de los talleres jugaban entre ellos y el equipo asomaba. Para identificarlo. más que Central Argentine se le decía Talleres. Pero faltaba encontrar un rival para oficializar el debut. Hasta que, en mayo de 1890, ancló en el muelle de Comas -situado a la altura de la bajada Sargento Cabral- un buque de guerra británico: el Beagle.

Mulhall lúe al puerto, habló con su tripulación y consiguió que se disputara un partido. En su debut como equipo de fútbol el Central Argentine empató 1 a 1 con los ingleses del Beagle, y estuvo integrado por: F. Barton; .1. Postell y G. Camp; J. Muskett, J. Barton y T. King; L. McLean, T. Muskett. M. Green. L. Mac Intock y H. Hooper.

Unas cuarenta personas fueron testigos del acontecimiento. A los pocos días se jugó la revancha y ganó el conjunto rosarino 2 a 1.

El Central Argentine Railway Club ya salía a la cancha.