A+ R A-

Angel tulio Zof

zof 2Es leyenda. Su imagen paternal, su carácter bonachón y su pasión por la pelota bien tratada lo vuelven emblema no sólo de Central, el club que ama sino del fútbol rosarino

Cuando con la sola mención del apelativo y el nombre es suficiente para identificar a alguien, cuando no necesita presentación, es porque esa persona dejó su marca. Su sello indeleble en la historia. Al punto de que al hablar de él remite inexorablemente a Central. Parecen hechos el uno para el otro. Como si uno no hubiese podido subsistir sin el otro. Una identificación única. Uno de los pocos personajes que pueden inscribirse en este rubro es don Angel Tulio Zof, un icono viviente en la rica historia canalla.

Para entender este sentido de pertenencia mutuo, esta especie de sociedad indisoluble que conformaron, alcanzaría con decir que don Angel fue artífice de tres de las cinco vueltas olímpicas que dieron los auriazules en sus 117 años de vida. Sin embargo el Coco, como le dicen sus amigos de siempre, es todo eso y mucho más para los auriazules. Porque no sólo fue el hacedor de varios títulos, sino también el descubridor de muchas de las grandes figuras que el club entregó al mundo futbolero.

"Será que siempre luché y sin darme cuenta conseguí algo", dice, casi a modo de justificación, a la hora de recibir elogios, quien fuese nombrado como ciudadano ilustre de Rosario en abril de 2005 y en tiembre de 2007 fuera distinguido como "Mayor Notable" por la Cámara de Diputados de la Nación.

Tan grande es la huella que deja que en una ciudad donde Central y Newell's son como el agua y el aceite, porque no se mezclan, tuvo la particularidad de estar sentado en las dos veredas. Justo él, que es uno de los mayores emblemas canallas, arrancó sus sueños como DT en el banco rojinegro, allá por 1965.

Ese 13 de junio estuvo tallado por el inicio de un camino exitoso, en el que comenzó a cosechar no sólo logros deportivos, sino también el reconocimiento unánime del ambiente y el respeto de todos.

Sin embargo, lejos estuvo de que alguien le recriminara esa situación. Muy por el contrario, fiel a su estilo bonachón y paternalista, ha sabido cosechar el amor incondicional de los canallas y el respeto de los leprosos. Una medalla que puede exhibir en su currículum con tanto o mas orgullo que los éxitos deportivos. Un aspecto que cobra un significado superlativo

en tiempos en que la razón y el sentido común han perdido espacio ante la irracionalidad, la barbarie y la locura.

"Soy un hombre simple, con virtudes y defectos como cualquiera. No voy a cambiar ahora. Haré la misma vida, voy

a jugar al truco y comer asados con mis amigos. Seguiré siendo el Coco del barrio el de siempre", se describe don Angel.Con más de 40 años como técnico,Zof es elevado a la categoría de maestro por aquellos que llevan más de medio siglo viendo fútbol y se refugian en el discurso de que todo tiempo pasado fue mejor, que Zof pertenece a esa raza de entrenadores que han desafiado al almanaque, que se permiten estar más allá de las táctitas y las estrategias, y

que han superado los caprichos del momento. Un tipo que no necesita recurrir a cosas rebuscadas para prestigiar una profesión en ocasiones bastardeada. Dicen que a los hombres se los reconoce por sus logros. En su caso, al eterno Zof

le gusta que lo reconozcan simplemente como don Angel.

José M. Petu

 

 zof 1

 

145 ANIVERSARlO DIARIO LA CAPITAL


Hace falta que los clubes de barrio participen más en la formación de los pibes
Ángel Tullo Zof
EX DIRECTOR TÉCNICO DE CENTRAL
Ángel Tulio Zof estrecha la mano derecha para dar la bienvenida y detrás de ese gesto se esconde una persona que a los 84 años ya vio pasar todo por una cinta cinematográfica. Tiene la serenidad propia del que nunca cree sabérselas todas. Sólo le mete fichas a la nostalgia y con un pincel traza una pintura de su época. Entonces, la catarata de aquellos momentos en los que aparece Rosario surcado por las huellas del tranvía que pasaba por Carriego y Mendoza lo bañan sin piedad y se arremolinan hasta asfixiarlo: "Cuando paso por la esquina de Carriego y Mendoza y veo que hoy hay una tintorería siento una profunda tristeza. Es que con la desaparición del bar La República se me fue gran parte de mi vida. Ese era mi lugar en Rosario para estar con la muchachada. Recuerdo que la gente se sentaba en las mesas que estaban en la vereda y se pasaba horas charlando, comiendo un familiar de jamón y queso o tomando un cafecito. Yo me subía al tranvía que pasaba por Mendoza, creo que era el 20 o el 14, y me dejaba justo en el bar. Hacía ese viaje todos los días. Ya teníamos una mesa asignada con los muchachos y jugábamos al billar, al casín y a los naipes. Era una rutina inmodificable. Qué hermosa etapa, no había que preocuparse por nada porque no existían los problemas de inseguridad de la actualidad. Por ejemplo, yo me volvía a la madrugada caminando por las vías y no pasaba un auto. Hoy los vecinos de ese barrio viven encerrados, sólo salen para realizar los trámites que son necesarios y de nuevo adentro de sus casas. Es una lástima que todo haya cambiado tanto. Yo no soy de los que creen que las cosas del pasado eran mejor, pero antes se vivía de otra manera'.' Don Angel arranca lentamente la charla, pero cuando enciende motores es imposible pararlo.
El tiempo, implacable con su marcha, le fue marcando el camino a Zof. Aunque los rasgos permanecen intactos según el fiel testimonio de lo que cuenta: "Me crié en Mendoza al 4800 y ahí hoy sólo hay edificios. Está todo modificado, algunos dicen que es para bien, pero la verdad es que a mí me dolió en el alma que se remataran los terrenos que es-


"Estábamos todo el día con la pelota. Era la leche y a jugar, con la de cuero o la de goma"


taban enfrente de mi casa. Había una cancha que pertenecía a la tienda Gath y Chaves que tenía las medidas profesionales. Ahí empecé a jugar al fútbol y aprendí todo. A esa cancha la usaba el club Estudiantes, que en ese tiempo participaba de la Liga Rosarina. Tenía dos tribunas y por calle Montevideo estaban las canchas de tenis de polvo de ladrillo y
las de bochas. Era un terreno enorme en el que además se realizaban los bailes del fin de semana. Eso también se perdió, ya no existen las reuniones barriales, con la gente bailando y comiendo en las calles. Extraño un poco eso, más allá de que me gusta cómo remodelaron la zona de La Florida. Arreglaron los accesos y la costanera es un lugar ideal para que vengan a conocerlo los turistas. Me parece bien que la Municipalidad explote esa zona para el turismo y además los rosarinos debemos estar orgullosos de los cambios que muestra la ciudad. Igual, a mí me gustaría ver más espacios verdes porque creo que esa es la mejor forma para que los chicos vuelvan a interesarse por el fútbol. No digo recuperar los potreros porque la ciudad ya no tiene más espacios, pero sí sería bueno que los clubes de barrios tengan más participación en la formación de los pibes. A nosotros la verdadera escuela que nos enseñó a jugar fueron los potreros. Ahí aprendimos a gambetear, a tener picardía y a engañar conla pelota. Ya no pasa eso porque los chicos no juegan al fútbol todo el tiempo como lo

hacíamos nosotros. En mi época estábamos todo el día con la pelota.Tomábamos la leche y a la calle con la pelota de cuero o de goma. Jugábamos a las cabezas, se armaban unos picadítos que se terminaban de noche debajo de un farol. Nuestros padres nos compraban un par de zapatillas y a la semana ya teníamos los dedos afuera de tanto patear',' rememora el ex entrenador de Central, equipo con el que consiguió el torneo 86/87 de la primera división, el campeonato nacional de 1980 y la Copa Conmebol 95, el único título internacional que tienen los canallas.

 

La radiografía que realiza Zof de su Rosario natal abarca variados perfiles, De ahí que luce cautivador con todo lo que tiene para revivir y recordar: "Una de las principales diversiones que teníamos de pibes era ir al cine Echesortu (hoy no existe más) y ver algunas películas sublditas de tono. Ahora se dice eróticas. En ese tiempo ir al cine era todo un logro y de paso aprovechábamos para pa¬sear por la ciudad. Otro lugar de encuentro con ios muchachos era el club Libertad, en San Juan y Felipe Moré. Ahí se realizaban los bailes populares con orquestas y venían artistas muy destacados como Estela Raval y Juan D'Arienzo. También se festejaban los carnavales donde la gente se reunía para comer, se llevaba la vianda para hacer un picnic.
Era una vida tranquila, sin desesperarnos por nada. Nos quedábamos hasta la madrugada porque sabíamos que nos podíamos volver caminando a nuestras casas y nadie te molestaba. Quién te iba a hacer algo si a las tres o cuatro de la madrugada estaban todos sentados en la vereda tomando mate y te saludaban" responde don Ángel con la rapidez del que no tiene dudas.
ROSARIO LA CIUDAD QUE AMAMOS

extracto "145 aniversario diario La Capital"